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¿ES POSIBLE ESCAPAR DE LOS TERREMOTOS?


por Jaime Laffaille

La corteza terrestre está compuesta por varias piezas individuales denominadas "Placas Tectónicas". Los procesos de calentamiento y enfriamiento del material fundido que constituye el interior de la tierra producen un movimiento de ese material, arrastrando a dichas placas superficiales y forzándolas a moverse también. Como una consecuencia de esto, en las zonas inmóviles donde se presenta un contacto entre dos placas (fallas), se acumula gran cantidad de energía. En algunos casos, esta energía acumulada se libera gradualmente, pero en otros casos lo hace a través de un violento deslizamiento que es percibido por los hombres como un terremoto, al recibir, bajo la forma de ondas que viajan por el interior de la tierra y su superficie, parte de la energía liberada en el deslizamiento. Una de las principales causas de daños en los terremotos es el movimiento ondulatorio del suelo producido cuando las ondas sísmicas pasan por un cierto lugar. La intensidad del movimiento del suelo que sacudirá una localidad está condicionada por el tamaño del terremoto, la distancia desde la fuente sísmica (donde se produce el deslizamiento) hasta la localidad, las características del camino seguido por las ondas sísmicas y el tipo de suelo del sitio de interés. Los daños producidos dependerán fuertemente de estas variables y del tipo de edificación que se encuentre en el sitio.

La historia sísmica de la región andina de Venezuela (considerando que dicha historia se inicia con el primer documento escrito acerca del tema) comienza en el año de 1.599, con el reporte de un terremoto que sacudió a La Grita y otros pueblos de Mérida. El siguiente evento de que se tiene noticias ocurrió en 1.610, cuando los cronistas reportaron que había ocurrido un terremoto desastroso al cual se le asignó, de acuerdo con estudios recientes de la distribución de daños e intensidades sísmicas de ese terremoto, una magnitud de 7.3 grados en la escala de Richter. Desde ese entonces hasta la presente fecha han ocurrido en la zona al menos otros 7 eventos sísmicos de características destructoras (por ejemplo los eventos de los años 1.644, 1.775, 1.812, 1.834, 1.845, 1.894, 1.932), entre los que destaca el ocurrido en el año de 1.812, en plena gesta independentista de Venezuela, el cual causó estragos en casi todas las ciudades del centro-occidente del país, ocasionando la muerte de casi 5.000 personas en Mérida y del 10% de la población de Venezuela para ese entonces. Actualmente se acepta que la Zona de Fallas de Boconó constituye parte del límite entre la Placa Tectónica del Caribe y la Placa Suramericana, lo cual explica parcialmente la gran actividad sísmica asociada con esta zona de fallas. La ciudad de Mérida, y muchas otras ciudades del Occidente de Venezuela, se encuentra ubicada sobre esta zona de fallas, la cual se extiende con dirección noreste desde el sur del Estado Táchirá hasta la costa venezolana con el Mar Caribe, atravesando longitudinalmente la Cordillera de Los Andes Venezolanos a lo largo de una distancia que supera los quinientos kilómetros. Los resultados de estudios recientes conducen a la hipótesis de que el Sistema de Fallas de Boconó esta vinculado con los sistemas de fallas de San Sebastián y de El Pilar (en el litoral centro-oriental de Venezuela, desde la población de Morón, en el Estado Carabobo, hasta cerca de la Isla de Trinidad en el extremo oriente del país), definiendo una franja geográfica de alta sismicidad de más de mil kilómetros de longitud, en la que habita cerca del 80% de la población de Venezuela y donde se encuentran ciudades como San Cristóbal, La Grita, Mérida, Barquisimeto, Caracas, Cumaná, y otras, además de decenas de poblados y aldeas campesinas.

Las razones que llevaron a ubicar los principales centros poblados sobre la zona de mayor sismicidad tienen un carácter histórico, geográfico, económico, estratégico y político, de tal forma que es prácticamente imposible revertir su efecto sin afectar la vida de millones de personas y la estructura del país. Inclusive imaginariamente, es un ejercicio dificilísimo pensar en la construcción de nuevas ciudades, alejadas de las zonas de fallas sísmicas, donde albergar miles y millones de personas sin alterar drásticamente sus vidas y el entorno natural donde se deberían desarrollar.

Entonces, no es posible escapar de los terremotos: es necesario aprender a vivir con la certeza de que un día vendrán y ojalá que cuando ese día llegue las ciudades de Venezuela estén preparadas para enfrentarlos.


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