por Jaime Laffaille
Los glaciares de Los Andes Venezolanos fueron grandes masas de hielo que cubrieron las partes altas de las montañas, por encima de los 3500 metros sobre el nivel del mar. En ese tiempo, hace aproximadamente unos diez mil años, no existían pobladores humanos en la región, ni aborígenes ni españoles. Algunos de esos glaciares han logrado sobrevivir hasta el presente, como por ejemplo los que adornan las cumbres del Pico Humboldt y del Pico Bolívar, pero los demás ya desaparecieron, dejando huellas casi imborrables de su existencia porque fueron exquisitos modeladores del paisaje. No eran masas inertes, se movían lentamente, cambiando de manera imperceptible para un humano, pero el efecto de ese cambio continuo se observa espectacularmente en los grandes circos que excavaron en el lugar donde se encontraba la masa principal del glacial y en las majestuosas morrenas que depositaron a lo largo de su camino. Algunos de los antiguos circos glaciares están hoy en día ocupados por legendarias lagunas, como la Laguna Negra, que constituyen un atractivo turístico para la región y son motivo de inspiración y alegría para todos los que tienen el privilegio de verlas y disfrutar de su entorno. Las morrenas, constituidas principalmente de los sedimentos excavados por la masa de hielo y depositados luego por ella a lo largo de su camino, muchas de las cuales se encuentran intensamente cultivadas, son montañas de forma alargada que pueden observarse en los páramos andinos y en todas las regiones del mundo cuyo paisaje ha sido influenciado por la existencia de glaciales. En primera aproximación se mencionan dos clases principales de morrenas: las morrenas laterales, ubicadas en ambos lados de la trayectoria antigua del glacial, y las morrenas terminales, más pequeñas, que fueron depositadas al final del camino glacial. En algunos casos particulares, estas morrenas se constituyen en auténticas trampas, que atrapan el agua que baja de las montañas para formar lagunas. Este es el origen de la Laguna de Mucubají, bellísima prisionera de las morrenas de un glacial que adornaba de blanco las faldas del Pico Mucuñuque.
El caso de Mucubají es quizás único actualmente en los Andes Venezolanos, pero existen algunas evidencias de que antiguamente existieron situaciones similares que modelaron intensamente el paisaje de los páramos. Tal es el caso del lugar conocido como "La Mesa del Caballo", inmensa llanura ligeramente inclinada que se observa a unos cientos de metros hacia la derecha de la carretera que se dirige desde apartaderos hasta Mucubají. Aparentemente este lugar fue el lecho de un antiguo lago, limitado por dos morrenas laterales, correspondientes a dos glaciales diferentes, y por un cerro en forma de lomo, vinculado con la presencia de La Falla de Boconó. Estas estructuras encerraban un área de forma triangular, que servía de trampa al agua que descendía desde las cumbres heladas ubicadas al este del lugar, para así formar el lago mencionado. Es posible que un terremoto muy antiguo, no registrado por la historia sísmica de la región porque ocurrió cuando aún no había nadie que pudiese reportarlo, produjera una fisura en el sitio donde se unía una de las mencionadas morrenas (conocida actualmente como "El Filo del Caballo") con el lomo alargado de la falla. Por esta fisura escapó poco a poco el agua del lago, erosionando el sitio de salida y ampliándolo de tal forma que ya no pudo mantenerse el agua represada, desapareciendo el lago y dejando en su lugar la llanura que hoy se conoce.
Actualmente se están estudiando las características de esta región, con la intención de precisar algunos aspectos relativos a la existencia del lago, su origen y las razones que condujeron a que hoy ya no exista. Es posible que mediante el estudio de las edades de los sedimentos depositados por las aguas del lago pueda conocerse algún día algo más acerca de su edad y su evolución. Sin embargo, a pesar de lo poco que hoy se sabe, vale la pena visitar el lugar, sobre todo a las nueve de la mañana o cerca de las cuatro y media de la tarde, horas en que la luz del día resalta los rasgos de este paisaje, uno de los mas bellos de aquí y quizás del mundo. Además, puede ser que al visitar el lugar sientan la presencia gentil de El Angel de la Mesa del Caballo...........