por Jaime Laffaille
Quizás su pasión por los terremotos se explica porque nació en Cumaná, en el año de 1.867, ciudad que ha sufrido los efectos de varios terremotos, el primero de ellos reportado en el año de 1.530. Acerca de Don Melchor Centeno Grau se pueden decir muchas cosas: se puede hablar de las múltiples distinciones que recibió, de sus títulos, de los diversos trabajos que realizó tanto en Venezuela como fuera de el país, de su brillante actuación política y sería fácil escribir un libro destacando su prodigiosa obra. Sin embargo, lo que le convierte en un personaje fascinante, y en un verdadero sabio, fue su infinita capacidad de asombrarse ante todas los fenómenos que observaba y su dedicación a descubrir la causa de ellos. No estaba contratado por ninguna empresa o instituto con el fin de que se dedicara a la investigación, no devengaba un sueldo por realizar ese trabajo. La ciencia era, simplemente, su pasión. A Centeno Grau se deben las primeras observaciones científicas del Relámpago del Catatumbo y en 1.911, mientras se desempeñaba como ingeniero del Ferrocarril de Táchira, escribió un estudio de él, donde plantea la hipótesis de que existe una conexión entre el relámpago y los terremotos. A pesar de que le tocó vivir una época en que la sismología se encontraba en pañales y prácticamente no existía como ciencia, se dedicó a ella con un fervor que le llevó a estudiar cualquier rama de la ciencia que pudiera tener algún vínculo con el origen de los terremotos, desde geología y geografía hasta historia , pasando por la mitología y la alquimia. Delante de sus ojos desfilan todas las crónicas y documentos acerca de todos y cada uno de los terremotos ocurridos en Venezuela, convirtiéndose en uno de los primeros estudiosos de la sismología histórica en Venezuela. Llegó a compilar un catálogo sísmico del país y a proponer una hipótesis acerca del origen de los terremotos y volcanes. También recopiló información histórica fundamental sobre los principales terremotos que asolaron a Venezuela, agregando en cada caso su interesante interpretación acerca de lo ocurrido y citando la fuente original consultada. Por ejemplo, sobre el Terremoto de Cumaná de 1.530 cita la descripción del cronista de indias Don Francisco de Herrera y Tordecillos, quien escribió que "sucedió en año de 1.530 a primero de Septiembre, que estando el cielo sereno, se levantó la mar cuatro estados de su ordinario peso, y entrando por la tierra, comenzó a temblar y cayó la fortaleza que había edificado, por orden de la Audiencia de la Española, el Capitán Jácome Castellón, y la tierra se abrió por muchas partes, por donde manaba agua salada y negra como tinta, que hedía a piedra azufre y la sierra del golfo de Cariaco quedó abierta por medio, dejando hecha un abra: cayeron muchas casas, murió mucha gente ahogada y espantada y tomada de los terremotos". Esta descripción del cronista lo indujo a pensar que este terremoto tuvo su origen en el Mar Caribe y por esa razón desencadenó un maremoto que asoló las poblaciones cercanas a la costa.
En un tiempo en el que casi nadie hablaba de las placas tectónicas y su relación con el origen de los terremotos y volcanes, Don Centeno Grau escribió que "no es de extrañar que entre algunas erupciones volcánicas y violentos sismos de las Antillas del Caribe, de Colombia y de la América Central exista cierta relación que debe tomarse muy en cuenta, pues las Antillas tienen conexión geológica con la cadena montañosa de las costa venezolanas y posiblemente la Andina con la América Central, porque la curva volcánica y sísmica de ésta se enlaza con aquella al sur del Lago de Maracaibo, precisamente en la región donde se produce el fenómeno conocido con el nombre de Faro de Maracaibo o Relámpago del Catatumbo". Este comentario lo acompañó con un excelente dibujo donde prácticamente estableció la existencia de las placas tectónicas del Caribe y Sur América.
Don Melchor Centeno Grau murió en Caracas el día 3 de Octubre de 1.949, pero su obra vive aún en todos los sitios de Venezuela donde el querer saber es lo que guía la actividad de cada día.
