por Jaime Laffaille
La noticia de hoy ya es historia. Vamos a conversar acerca de dos grandes terremotos que destacan en la historia sísmica de esta región: el ocurrido el 26 de Marzo de 1.812 durante la gesta independentista de Venezuela y el "Gran Terremoto de Los Andes Venezolanos" del año 1.894. El objeto de este mini recuento es responder a una pregunta: ¿Cómo puede ser un terremoto en los Andes?.
El terremoto de 1.812 (26 de Marzo) afectó toda la región centro-occidental de Venezuela, cobrando mucho más de 20.000 victimas y 40.000 heridos, de las cuales 5.000 correspondieron a Mérida. Afectó muchas poblaciones, entre las que destacan Mérida, San Felipe, Barquisimeto y Caracas. Es muy dificil imaginar la situaci'on que se vivió en aquel entonces y por esa razón vamos a leer a continuaci'on un fragmento de lo publicado por el diario "El Nacional" el día 27 de Marzo de 1.812: ....."hubo una sacudida terrible, un jalón debajo de los piés y las campanas de varios templos sonaron desordenadamente. Algunaspersonas gritaron, pero todo pasó tan rapidamente que fué como una sensación individual o imaginada: algunos ancianos se tocaron el pecho creyendose enfermos. Los sacerdotes apuraron la procesión que entraba a los templos y los soldados siguieron marchando por el centro de la calle. Entonces la tierra comenzó a ondularse, horrorosas olas de polvo se levantaban, borbotones de tierra hirviendo, rompiendo pisos, levantando adoquines, la gente corría y gritaba despavorida, pero el ruido del terremoto era tan estruendoso que la multitud parecía haber perddido la voz. Muchos gritaban "!es un volcán, se abre un volcán!", pero inmediatamente se impuso la verdad: era un sismo violento y la ciudad se derrumbaba con las ondas. Las casas se venían abajo desmoronadas y la calle, que había estado allí hacía apenas un minuto, se cubría de grandes lajas, de polvo, piedras, ladrillos y tejas que aplastaban a los fieles y a todo un regimiento de linea.
Un caballo sacaba medio cuerpo de entre las ruinas y relinchaba tratando de liberarse, pero una pared amarilla, con un ventanal largo y vertical, lleno de matas, le cayó encima". Mérida y Caracas vivieron situaciones completamente similares, a juzgar por los relatos de las personas que vivieron la tragedia en estas ciudades.
Don Tulio Febres Cordero cuenta que "en la tarde del 26 de Marzo de 1.812 regresaba el Ilustrísimo Sr.. Milanés del templo de San Francisco, donde había celebrado la función del lavatorio, acompañado de los Presbíteros Juán de Dios Ruíz y Jaime Duque, curas de la Catedral y del Llano, y de más de veinte colegiales, cuando al abrir la puerta del salón de su palacio le advirtieron que estaba temblando; volviendo inmediatamente la espalda dijo: "regresemos pronto, pues creo que se cumple la profecía".
Puesto a la cabeza de la comitiva, bajó aceleradamente los peldaños de la escalera, y cuando se encontraba ya en medio del zaguán, se sintió repentinamente aquel violento impulso que sacudió el firmamento cual debil arista, desplomó las paredes del palacio, hundió el techo y sepultó bajo sus ruinas al prelado, a los dos curas y a tres colegiales trujillanos que iban más inmediatos a su persona, quedando la bella ciudad de Mérida en un montón de escombros".
La profecia a que se hace referencia está relacionada con unos mensajes, recibidos por el Presbítero Montoya en Noviembre de 1.811 y en Febrero de 1.812, donde una voz, seguramente de origen divino según su hermano el Presbítero M'arquez, le dec'ia "Padre Montoya, anuncie a Mérida que se Hunde".
Es probable que el número tan elevado de muertos esté estrechamente relacionado con el momento en que ocurrió la tragedia: Jueves Santo, a la hora en que los templos están abarrotados de personas que se preparan para salir en las procesiones. A este eventó se le asignó, de acuerdo a los daños y al número de víctimas, una magnitud comprendida entre los 7.5 y 8 grados en la escala de Richter. Sus características son tan extraordinarias que, aún hoy en día, los investigadores no se han puesto de acuerdo acerca de ellas: el problema es explicar como un evento puede producir una distribución de daños tan irregular. En particular, Mérida y Caracas resultaron en ruinas, pero hay poblaciones entre ellas que resultaron ilesas.
En el año 1.894, el día 28 de Abril a las 10 de la noche, ocurrió el "Gran Terremoto de Los Andes Venezolanos", que arruinó a Mérida, Santa Cruz, Zea, Tovar, Mesa Bolívar, Lagunillas, Chiguará y otros pueblos. A pesar de que el epicentro de este evento se ubicó en una zona practicamente despoblada, la Serranía de Onia cerca de Santa Cruz, causó más de 345 muertos y destruyó poblados a lo largo de 60 kilómetros entre Mérida y Tovar. En Mérida se reportaron 116 temblores durante los tres meses siguientes, de los cuales 16 ocurrieron la misma noche después del terremoto, siendo 9 muy fuertes (se sintieron también en La Grita y San Cristóbal), y continuó temblando frecuentemente hasta 1.895. Según Centeno Grau, este terremoto fué como una repetición del ocurrido en 1.610 y los deslizamientos en las montañas fueron tan grandes, que tres días después del terremoto había un denso estrato de polvo sobre todo el Valle del Chama, pasando sobre Mérida y cubriendo una extensión de más de 20 leguas. El agua de los ríos y torrentes duró más de un mes corriendo repleta de barro y vegetación. Según Don Tulio Febres Cordero, en las selvas de Onia, entre los rios Chama y Escalante, se pudo observar una zona, muy distante de los poblados, donde la selva virgen aparecía destrozada y con árboles seculares arrancados de cuajo. Según el mismo Don Tulio, las pérdidas materiales fueron inmensas, Santa Cruz, Zea y Mesa Bolívar quedaron en escombros.. En la ciudad de Mérida pasaron de cien las casas arruinadas por el hundimiento de sus techos y sus nueve templos resultaron dañados, siendo necesario reconstruir totalmente algunos de ellos. Cuenta Don Tulio que en la semana anterior a la fecha del evento, la campana de la curia se escuchó sonar varias veces a eso de las diez de la noche sin explicación aparente, ya que esa hora estaba cerrado el lugar (luego se pensó que había sido un aviso divino puesto que el terremoto ocurrió a las diez y cuarto de la noche, pero también pudo tratarse de algunos eventos menores que precedieron al gran evento sin ser sentidos por la población). De acuerdo con esta descripción, la magnitud de este sismo debió superar los 7 grados en la escala de Richter.