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EL TAMAÑO DE UN TERREMOTO

Segunda Parte


por Jaime Laffaille

Seguramente que todos los lectores han escuchado hablar acerca de un lugar en Francia (Oficina Internacional de Pesos y Medidas en Sévres) donde se conservan los patrones de medidas. En ese sitio existe, por ejemplo, una barra metálica, fabricada con un material especial que no es muy sensible a las condiciones ambientales (aluminio), que tiene una longitud precisa de un metro y que es conocida con el nombre de "Metro Patrón". Estos patrones definen los sistemas de medidas y sirven para que todo el mundo comprenda cuando alguien expresa el resultado de una medición realizada (si alguien dice que una cierta distancia es de 720 metros, enseguida se entiende que se trata de 720 veces la longitud del metro patrón). En el año de 1.935, posiblemente inspirado por estos sistemas patrones, Charles Richter pensó en hacer algo similar para "medir" terremotos. Es decir, a Richter se le ocurrió la idea de definir un sistema patrón (sismo patrón) para calcular el tamaño de un terremoto y le pareció que una manera conveniente era usar las ondas sísmicas registradas en una estación sismográfica como instrumento de medida. El problema que se planteaba no era muy sencillo ya que un patrón de un sistema de medida debe cumplir ciertos requisitos (invariable, reproducible en algún laboratorio). Por ejemplo, la unidad de masa "el gramo" fue definida como la masa de un centímetro cúbico de agua destilada a 4 grados centígrados, definición que permite que cualquiera pueda generar un patrón en su laboratorio (en 1.879 se construyó una barra de platino con una masa de un kilogramo para la Oficina de Pesos y Medidas).

Sin embargo, la idea de Richter no era descabellada y no surgió de la nada. Él había trabajado mucho con registros sismográficos y su experiencia le condujo a descubrir algunas características interesantes de estos registros, llamados comúnmente "sismogramas". En particular, noto que si graficaba, en función de la distancia, los resultados de calcular el logaritmo en base diez de la amplitud máxima de los sismogramas de varios sismos, los puntos obtenidos se distribuían sobre una línea recta. Es difícil saber cuantos desvelos y cuantas horas observando sismogramas necesitó Richter para llegar a su definición de la Magnitud de un sismo, pero leer esa definición puede ayudar a intuir la tremenda cantidad de tiempo y trabajo escondido tras esas líneas: "la magnitud de un sismo es el logaritmo en base diez de la máxima amplitud de la onda sísmica, expresada en milésimas de milímetro, registrada en un sismómetro estándar ubicado a cien kilómetros del epicentro del evento". Richter tomó en cuenta en su definición que los sismómetros podrían estar ubicados a distancias diferentes de cien kilómetros, añadiendo un factor especial en su ecuación. De esta forma parecía que el problema de medir terremotos estaba felizmente resuelto, aunque no se tuviera un "sismo patrón" almacenable en la Oficina de Pesos y Medidas.

Esta felicidad no duró mucho, la sismología, al igual que otras ramas científicas, continuó avanzando y puso de manifiesto algunos detalles que no se habían tomado en cuenta en la definición del sistema patrón ideado por Richter. El primero de ellos fue que en un sismograma se registran diferentes tipos de ondas y Richter no aclaró de cual de esos tipos se eligiría la máxima amplitud. En particular, en un sismograma se distinguen dos grupos principales de ondas: las ondas de cuerpo, originadas en el foco sísmico, y las ondas superficiales, que aparecen cuando las ondas de cuerpo sufren múltiples reflexiones en el interior de la corteza terrestre. Bueno, dirá el lector, está bien, se elige la máxima amplitud entre todas las ondas registradas........no es tan sencillo. La amplitud de los diferentes tipos de ondas que aparecen en un sismograma no solo depende del tamaño del terremoto (que es lo que se desea medir) sino que está relacionada con factores tales como la profundidad del foco sísmico, su ubicación con respecto a la estación que hace el registro y la clase de equipo usado para obtener el sismograma. Por ejemplo, un sismo de foco profundo produce registros muy diferentes a los de un sismo de foco superficial, aún cuando la cantidad de energía liberada (tamaño) sea igual para ambos eventos. Las ondas superficiales del primero de ellos suelen ser de amplitud despreciable, mientras que el de foco superficial genera grandes trenes de ondas superficiales que predominan en los sismogramas. Un ejemplo dramático de esta situación lo brindó el Sismo de Cariaco (9/7/97): fue un evento sísmico con un foco extremadamente superficial (apenas diez kilómetros) y su magnitud de ondas superficiales da un valor de 6.7 grados (ms) mientras que su magnitud de ondas de cuerpo (mb) apenas alcanza los 5.8 grados. Los daños de este evento se corresponden con un sismo de magnitud ligeramente superior a 6 grados y otros métodos arrojan valores tan disímiles como 7.2 grados, 6.4 grados y 5.4 grados. Para aquellos que tuvieron la desdicha de perder un ser querido, este terremoto es tan grande como lo es su dolor, es de un tamaño infinito. Nada en el mundo puede justificar que otro terremoto tome a nuestra tierra venezolana tan desprevenida como lo hizo el Sismo de Cariaco: no mas sismos infinitos.

Por otro lado, no existe realmente un sismómetro estándar (instrumento que detecta el movimiento del suelo) y el planeta está "sembrado" con una infinidad de equipos distintos, con respuestas diferentes (que suelen ser alteradas por las disimiles condiciones de trabajo en que operan estos equipos), que registran diferentes clases de ondas, los cuales deberían ser calibrados periódicamente.

El problema de medir terremotos aún no está resuelto y esto es notable en nuestro país, donde solo existen instrumentos que registran las ondas de cuerpo.


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