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LA MESETA DE MERIDA


por Jaime Laffaille

Hace mucho tiempo, mas de cien mil años, al comienzo de un periodo de tiempo conocido técnicamente como Pleistoceno Superior, en el lugar donde hoy está la terraza de Mérida se encontraba una gran llanura, formada por los sedimentos que algunos ríos, como el Chama, el Mucujún y el Albarregas, habían depositado en el valle llenándolo completamente. Para imaginar como era en aquel entonces este lugar, basta con pensar que los cauces de esos tres ríos, al igual que los de muchas quebradas que bajaban desde las montañas, corrían por la superficie de la llanura mencionada y aún no existían los grandes taludes que hoy entallan la terraza sobre la que está la ciudad (El Río Mucujún y El Albarregas desembocaban al Chama probablemente en algún punto del cañón actual, entre el lugar donde hoy están el Cuartel Rivas Dávila y la estación "Barinitas" del teleférico). Los seres vivientes de esa época podían caminar desde la zona conocida hoy día como Milla hasta el lugar donde actualmente está la Capilla del Carmen (en la Carretera Trasandina), con el único inconveniente de cruzar el Río Mucujún. También podían transitar libremente entre la zona conocida ahora como "La Otra Banda" (sector donde está la Av. Las Américas) y la región ocupada en el presente por el casco central de la ciudad sin necesidad de puentes o viaductos, porque el Río Albarregas no había dividido en dos la actual terraza y su curso de entonces era diferente al que tiene hoy. Este paisaje se mantuvo casi inalterable por mucho tiempo, durante el cual los procesos de sedimentación y erosión se alternaban, sin que cambiara el régimen de los ríos, de tal forma que el material erosionado era repuesto por una nueva sedimentación periódica.

Algo pasó, sin embargo, que logró alterar el equilibrio que existía en el lugar. Pudo ser un cambio imperceptible (en el tiempo de vida de un ser humano), o un evento repentino, brusco, quizás de origen climático o tectónico. Lo que sea que haya pasado logró cambiar el régimen de erosión y sedimentación que posibilitaba la existencia de la gran llanura. A partir de ese momento, la erosión comenzó a entallar la llanura hasta el punto en que su superficie ya no fue alcanzada por la inundación de las crecidas periódicas y entonces los ríos se vieron obligados a encerrarse en sus lechos, por debajo de la antigua llanura. Quizás se pueda intentar dar una explicación de lo que pudo pasar en ese tiempo remoto, pensando en las características tectónicas del lugar donde se encuentra la terraza de la Ciudad de Mérida. La Falla de Boconó atraviesa toda esta región en dirección noreste, dividiendo a la cordillera andina en dos gigantescos bloques rocosos. Es posible visualizar la situación si se traza una línea imaginaria que pase por las poblaciones de La Grita, Bailadores, Tovar, Mérida, Mucuchíes y se prolongue hacia el Táchira por el sur y hacia Carabobo y el Mar Caribe por el noreste. Esa línea imaginaria es la Falla de Boconó, origen de los principales terremotos que han asolado la región occidental de Venezuela. Cada vez que ocurre un sismo, los bloques rocosos que están unidos en la Falla de Boconó se mueven uno con respecto al otro. El bloque norte de la falla, sobre el que está la Sierra Norte (Cara del Indio, Páramo de Los Conejos y Sierra de La Culata) y donde también está la terraza de Mérida, se desplaza hacia el noreste, mientras que el bloque sur, de la Sierra Nevada, lo hace en dirección sudoeste (esto contradice la leyenda que cuenta que "el indio" de la Sierra Norte y "la india" de la Sierra Nevada se unirán un día, ya que actualmente se mueven en direcciones contrarias, alejándose).

La gran llanura se movía libremente hacia el noreste, sobre el bloque norte de la falla, hasta que surgió un obstáculo formidable en el camino de éste: La Serranía del Escorial, que como una enorme cuña rocosa, interfiere en el movimiento de los bloques de la Falla de Boconó (la Serranía del Escorial se encuentra entre los valles de los Ríos Mucujún y Chama). En el sitio de contacto entre el bloque de falla y la serranía se produjo un levantamiento que elevó la parte norte de la gran llanura, de tal forma que el Río Albarregas no pudo continuar por su antiguo camino, que le conducía directamente al encuentro de los ríos Chama y Mucujún, y tuvo que desviarse hacia el sudoeste, para cavar un lecho que dividió en dos a la gran llanura. Algo similar ocurrió a todos los demás afluentes que descendían de la Sierra Norte hacia la llanura, que ya no lograron alcanzar directamente al Rió Chama. El equilibrio se había alterado, comenzó entonces la transformación de la gran llanura en la terraza donde hoy reposa Mérida.

Es posible que esto ocurriera de manera brusca, por ejemplo durante un gran terremoto, capaz de generar un desplazamiento de los bloques de la falla del orden de varios metros. También pudo ocurrir de forma lenta y paulatina, en el transcurso de algunos miles de años, como consecuencia de pequeños temblores, similares a los que frecuentemente estremecen los suelos andinos y que alejan un poco cada día al indio de la Sierra Norte de la india dormida de la Sierra Nevada, a pesar de su amor eterno.



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