por Jaime Laffaille
Luis M. Castillo:
Reinaba el silencio en una noche fría, oscura, lluviosa, lugubre. El reloj había dado sus últimas campanadas: las diez y media de la noche del 28 de Abril. La hora, la estación, el clima habían hecho regoger temprano a los desprevenidos habitantes de la ciudad.. Las madres, despues de la oración nocturna y sin tristes presentimientos, habían besado y bendecido a sus hijos: el último beso, la última caricia, la última bendición. Cuando todos dormían, los unos pensando en sus recuerdos, los otros en sus esperanzas, ruge el genio de los estragos con estentórea voz, estremece la tierra, derrumba la ciudad, y al grito de misericordia que exhalan los habitantes, aquel monstruo tapa sus labios, los devora con crueldad y arroja tierra y piedras sobre los cadáveres: la linda ciudad convertida está en inmenso cementerio. Al suelo cayeron con pavoroso estruendo los templos, las torres, los edificios públicos, las casas de habitación. Sonaron las campanas al descender el lúgubre toque de agonía. La Sierra Nevada vistió con nubes de luto, y aquel cielo lloró sobre las ruinas, y el sol entristecido no se atrevió a lucir al día siguiente de la catástrofe. Vagan acongojados sobre las tumbas sin epitafio y sin cruz los infelices salvados de la muerte, pero no del infortunio inaudito, que tratan de desenterrar con sus propias manos las prendas queridas de su amor, deplorando en coro de gritos y sollozos no haber muerto también al lado de los suyos.
Don Tulio Febres Cordero:
Cayeron los templos del Sagrario, Belén, y Milla, y los demás quedaron amenazantes por sus grandes averías menos el nuevo templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, antiguo de San Juan de Dios. El presbiterio de la Catedral está perdido, lo mismo que el de la Iglesia del Carmen. La torre del Llano quedó tan vencida, que pocos días despues se derrumbó casi la mitad en medio de un aguacero, con espanto de los vecinos.
Puede calcularse, luego de recorrer la ciudad, que se hundieron del todo, o en parte, los techos de sesenta o setenta casas, sin incluir los derrumbes de altares, tápias, etc., siendo así que no existe casa donde, a la verdad, no se haya caido algo, pues todos los edificios que se conservan en pié está desplomados unos, hendidos otros y averiados absolutamente todos.
Profecía de Falb (astrónomo Austriaco de la época):
"El interior de la tierra está lleno de una masa ignea, sujeta, como el mar, a la influencia de la luna, y que se encrespa tormentosamente en la conjunción de ciertas influencias planetarias, produciendo terremotos". Este astrónomo predijo "días críticos" para el primero de Mayo y el 5 del mismo mes de 1.894 (casi la pega).
Noticias Varias:
-En Chiguará se hundió una manzana del pueblo y con ella todos sus moradores
-La línea del ferrocarril de Mérida ha sido medida en su extensión y se ha notado que en algunas partes del terreno ha encogido y en otras aumentado, lo cual se palpa por los mismos rieles que sobran ahora donde antes cabían perfectamente, y viceversa.
- Algunas personas fueron encontradas enterradas hasta la mitad del cuerpo
- El Herald de Nueva York señaló que habían perecido 10.000 personas
-La estudiantina de Mérida recorrió las calles de la ciudad, deteniéndose en las casa de aquellas personas.
José Antonio Lares:
Para colmo de males no deja de llover: los toldos, en su mayor parte de colchas o sabanas son insuficientes para el agua, y la gente amanece debajo de ellos como si se hubieran bañado con ropa y todo. Ni agua potable había, a no ser la de la lluvia, pues todos los ríos que rodean la ciudad bajan crecidos y arrastrando una gran masa de barro de todos los derrumbes que de los cerros les han caido en toda su extensión. Por noticias nuavemente recibidas hay que agregar Tovar y Zea a los pueblos destruidos.
Yo estoy en la hacienda con mi familia. Habitamos en ranchos de paja donde no tenemos comodidad alguna, pero si cobijo de la intemperie, no sin que tengamos que estar corriendo a cada remezón para el descampado.
Francisco Alamo: Mayo de 1.894
Chiguara: vino a tierra toda la población, se abrieron grietas profundas en una gran extensión y los cerros se derrumbaron, nubes de polvo oscurecían el cielo (epicentro del temblor)
Lagunillas: las aguas salieron de la madre e invadieron parte de la población, apareciendo multitud de peces muertos en la superficie.
La Ceiba y la Ceibita: la gente no podía mantenerse en pié.
Trujillo, Carache, Santana: se agritaron varias casas y se dañaron varios templos
Lara: la cúpula de la iglesia del Tocuyo, abierta por el terremoto de 1.870, se cayó. La casa de Gobierno quedó inhabitable.
Cambios Meteorológicos: En mérida comenzaron a caer copiosas lluvias.