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LA GALERA DE TOVAR


por Jaime Laffaille

Existen diferencias notables entre la mayoría de las ciudades y pueblos de los llanos de Venezuela y aquellas edificadas en las cordilleras montañosas: las de las llanuras crecen casi libremente sobre un plano, en dos dimensiones, mientras que el complicado relieve de las sierras obliga a sus habitantes a construir poblados donde la tercera dimensión está presente en cualquier dirección que se dirija la mirada. Las ciudades de montaña crecen obedeciendo un diseño que parece impuesto de antemano por los procesos naturales que han modelado la superficie del terreno donde ellas se asientan. Un ejemplo notable de esta característica lo constituye la ciudad de Tovar, en el valle del Río Mocotíes, construida en un lugar de la cordillera andina donde el relieve del suelo cuenta la historia de grandes acontecimientos que trascienden la memoria de sus habitantes.

La gran inclinación de las calles transversales del casco central de la ciudad se explica al notar que éste ha crecido sobre un depósito aluvial con forma de cono, llevado hasta el valle por el agua que baja desde las montañas que se observan hacia el noroeste de Tovar. Las casas y calles dibujan graciosamente la forma de este cono de sedimentos porque fueron construidas respetando su forma superficial. Algunas de las calles de Tovar no obedecen la estructura cuadriculada clásica colonial y mas bien parecen seguir el diseño de unos planificadores caprichosos: uno de estos insignes planificadores es el Rió Mocotíes, que ha sembrado el valle de antiguos cauces, ahora abandonados por sus aguas, que definen en cierta forma el trazado de algunas calles de la ciudad.

Hacia el sudeste de Tovar se encuentra una de los atractivos visuales mas notables del lugar: “La Galera”, espectacular geoforma presente en la mente de todos los habitantes de la ciudad, no solo por su belleza y misteriosa presencia, sino porque ha sido tradicionalmente sitio obligado de juegos y aventuras de todos los niños del lugar. Se trata de una meseta alta de forma muy alargada que, cual si fuera un muro, limita el crecimiento hacia el sur de la zona nueva de la ciudad. Es un depósito de sedimente que quizás en algún momento de su historia quedó atrapada entre los cauces de dos corrientes de agua: un antiguo cauce abandonado del Río Mocotíes y el cauce de la Quebrada San Francisco, que la tallaron dándole esa forma alargada. Para explicar que el Río Mocotíes abandonara su antiguo cauce, que talló a La Galera hacia el norte, es necesario mirar hacia atrás en el tiempo y recordar que cuando ocurrió el terrible terremoto de 1.610, un alud sísmico bajó desde las montañas del Páramo de Mariño represando el Rió Mocotíes a la altura de la Hacienda El Volcán, en la población de La Playa. El agua se fue acumulando en ese lugar durante varios meses hasta formar una gran laguna que alcanzó, según tradiciones orales trasmitidas por los pobladores de la localidad, hasta El Rincón de la Laguna y hasta El Pantano de la Playa, varios cientos de metros aguas arriba del río. Llegó un momento en que la represa natural no pudo contener más las aguas del embalse, las cuales escaparon con inusitada furia deslizándose aguas abajo y arrastrando todo a su paso. Se formó una ola enorme, que chocó contra la parte occidental de La Galera, rompiéndola en un lugar por donde pasaron las aguas desbocadas para unirse a la corriente de la quebrada San Francisco, cambiando así el cauce del Rió Mocotíes. Por el sitio donde se rompió La Galera pasa hoy en día una carretera que conduce desde Tovar hasta el pueblo llamado San Francisco y que guía al viajero hacia otros pueblos del sur del Estado Mérida, que también han crecido dibujando sus calles, plazas y casas sobre las formas que la naturaleza quiso darle al suelo que sus pobladores cultivan y respetan.

Esta reseña está dedicada a los pobladores de Tovar y La Playa, quienes gentilmente nos han recibido y atendido, contándonos sus interesantes versiones de lo ocurrido en aquellos tiempos lejanos, cuando aún no existían los periódicos.

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