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VIVIR CERCA DEL PELIGRO


por Jaime Laffaille

Es posible que quienes tienen la fortuna de vivir lejos de aquellos lugares donde ocurren grandes catástrofes por efecto de eventos naturales, no comprendan las razones que llevan a miles de personas a habitar en sitios peligrosos. Seguramente que cada lugar tiene razones particulares que justifican su poblamiento, y sería una labor casi interminable determinarlas y estudiarlas en cada caso. Por ejemplo, casi el 80% de la población de Venezuela vive en zonas donde ocurren terremotos y ciudades como Caracas, Valencia, Coro, Cumaná, Barquisimeto y Mérida están expuestas a sufrir los efectos de estos eventos. Los conquistadores españoles llegaron a este país por el mar y fundaron ciudades cerca de las costas donde desembarcaron, buscando las mejores condiciones de vida y sitios donde pudiera florecer la actividad económica: no sabían que bajo el suelo, escondidas a gran profundidad, las fallas geológicas estaban acumulando inmensas cantidades de energía que, algún día, se liberaría dando origen a los terremotos.

En tiempos más lejanos, cuando Nabucodonosor era el rey de Babilonia, se fundaron las ciudades de Pompeya y Herculano en las fértiles laderas de una montaña que semejaba un jardín paradisiaco y de la que nadie esperaba peligro alguno. Una larga serie de terremotos locales presagió, sin que se entendiera así en aquel tiempo, la terrible tragedia ocurrida en el año 79 de la era cristiana: el Vesubio hizo erupción cubriendo a Pompeya con toneladas de cenizas incandescentes y arrasó a Herculano con un torrente de lava y barro que se endureció como si se tratara de una mezcla con cemento. Algo similar ocurrió en la antigua isla volcánica de Krakatoa (Indonesia), que luego de dormir durante dos siglos comenzó un periodo de erupciones en el mes de Mayo 1.883, el cual alcanzó su máximo a finales de Agosto de ese mismo año, cuando densas nubes volcánicas llegaron a una altura de 27 km., precediendo a varias erupciones violentas que fueron escuchadas dentro de un radio de unos cinco mil kilómetros de distancia y que produjeron una densa nube de ceniza y piedra pómez que se elevó hasta 80 km. de altura y cubrió 825.000 kilómetros cuadrados. Krakatoa estaba deshabitada en ese momento, pero la violenta erupción dio origen a olas marinas gigantescas (tsunamis) que arrasaron las costas de Java y Sumatra, causando daños a 40 poblaciones costeras en donde murieron 36.000 personas. Al terminar la erupción la mayor parte de la isla había desaparecido, dos de las grandes bocas volcánicas se habían sepultado en el mar y del antiguo macizo de Krakatoa solo quedaba el recuerdo.

Hoy en día mucha gente habita cerca de zonas de volcanes, en parte atraída por la gran fertilidad de la tierra que los circunda, nutrida por los productos de descomposición de la lava volcánica, que son arrastrados por los arroyos, y por las lluvias de ceniza que rejuvenecen el suelo y se incorporan a él. También muchas poblaciones crecen en zonas costeras ricas en pesca y productos del mar, pero azotadas regularmente por huracanes y tifones, o cerca de grandes fallas sismicamente activas, que han prestado sus trazas para que ríos y arroyos encaucen sus aguas fertilizando el entorno. No cabe en la mente, o en la imaginación de ningún planificador o urbanista, la idea de mudar las ciudades para construirlas en sitios más seguros, simplemente porque es imposible: no se puede reubicar a varios millones de personas sin causar una verdadera hecatombe social. Además, ¿como saber a ciencia cierta que un determinado lugar, elegido para la reubicación, es realmente seguro?. Una de las características de los eventos naturales catastróficos es que no ocurren con alta frecuencia y existen algunos que se producen con intervalos de cientos y hasta miles de años, de tal forma que no existe un registro histórico de esa clase de eventos.

Por otro lado, pareciera que el evento mas peligroso al que deben enfrentarse los seres humanos es.. el hombre. Parece paradójico, pero a pesar de que la energía liberada en las erupciones volcánicas, o en los violentos terremotos, supera con creces a la energía de las bombas atómicas mas poderosas, ninguno de estos eventos puede competir (en número de víctimas) con los causados por el hombre casi cotidianamente en accidentes automovilísticos. ¿Como proteger al hombre de sus semejantes y de si mismo?.

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